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Desde la Corredera Baja de San Pablo hasta la calle de San Bernardo, me encuentro con una calle llena de contrastes; es la calle del Pez, en el barrio de Malasaña. Locales de toda la vida, tiendas vanguardistas, tascas, bares de copas y hasta una santería conviven en perfecta armonía.

Cuenta la leyenda…

La calle de la Fuente del Cura, como se llamaba en el siglo XVII, tenía un estanque lleno de peces. La leyenda que da nombre a la calle de la que hablo, cuenta como el noble Don Juan Coronel compró una finca y, debido a las obras, los peces del estanque fueron muriendo; el último que quedó vivo lo cuidó Blanca, la hija del noble, que a pesar de sus cuidados, terminó muriendo. Dicen que la niña, muy triste, tomó los votos en el convento San Plácido. El padre ordenó poner la escultura de un pez en el chaflán del inmueble (está entre la calle del Pez y la de Jesús del Valle); el edificio no es el mismo pero el pez todavía se conserva. Desde ese momento, los madrileños la empezaron a conocer como “la calle que tiene un pez”.

Otra leyenda curiosa es la del reloj del convento. Felipe IV se había encaprichado de una monja que, para evitar el acoso del monarca, se hizo pasar por muerta. Como muestra de su pena, el rey regaló al convento un reloj que, según dicen, sólo sonaba cuando moría una de las religiosas.

La calle en las artes

Benito Pérez Galdós y Torrente Ballester hablan de esta calle en “La Desheredada” y en “Crónica del rey pasmado”. En el cine, también aparece en “Abre los Ojos” de Alejandro Amenábar o en “Princesas” de Fernando León de Aranoa. En el número 3 de la calle del pez se encuentra la vivienda de los protagonistas del documental “Una historia para los Modlin”, que recibió el Goya en 2013.

La tasca más conocida y castiza de la zona, El Palentino, (hoy, cerrado)estuvo a punto de ser el escenario principal de la película El Bar de Álex de la Iglesia si su dueño no se hubiera negado a que rodaran allí para no molestar a sus habituales clientes.

La relación de esta vía con la música la encontramos en grupos como Siniestro Total o en el vídeo de Manu Chao “Me Llaman Calle”.

En un agradable paseo por esta calle, haciendo esquina con la calle de la Madera, veo que todavía se conserva la fachada del palacio del marqués de Escalona y Bornos. De Madrid se puede saltar al sur de Estados Unidos si paro a comer en Gumbo y probar auténtica comida de Nueva Orleans. Para tomar una copa os recomiendo The Passenger, un curioso bar de copas decorado como un tren de vagones de madera.

A la altura del número 38 está el antiguo palacio del duque de Baena diseñado por Wenceslao Gaviña. Y llegando a la calle San Bernardo está el palacete de los Bauerque se declaró Monumento Histórico Artístico y donde ahora está la Escuela Superior de Canto de Madrid.

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“Mi comercio de la calle del Pezse hizo agua una noche para sacarle de la cárcel, cuando aquel feo negocio de los billetes de lotería”

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A la altura del número 42, me encuentro con una nueva historia. Hay una escultura en bronce de una chica joven, con la mano derecha sujeta una carpeta y un libro, está descalza y se apoya, despreocupadamente, en la pared del Palacio Bauer.

Se cuenta que, a mediados del XIX, cuando las mujeres no podían ir a la Universidad, Julia, que así se llama esta mujer, asistía a las clases vestida de chico. Bien podría tratarse de Concepción Arenal, conocida feminista, que, al igual que Julia, asistió en las mismas fechas a la facultad de Derecho disfrazada de hombre y que, más tarde, escribiría obras como La educación de la mujer, Estado actual de la mujer en España o Dios y libertad.

El autor es Antonio Santin y con Tras Julia, quiso hacer un homenaje a las mujeres estudiantes.

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